Sobre "Los jardines cifrados"

RESPUESTA A CHUSCO

 

    Entiendo tu consternación, e incluso la agradezco. Escribí Los jardines cifrados a principios de los noventa, y tras una serie de vicisitudes editoriales se publicó en 1998. Cuando, años más tarde, salió El código Da Vinci, varios lectores me escribieron diciéndome que se había publicado una novela inspirada en la mía, y cuando la leí (solo parcialmente, pues se me cayó de las manos) me quedé horrorizado de que pudiera equipararse mi novela a aquel engendro. Una cosa es escribir una historia, sin ninguna pretensión de verosimilitud, a partir de una experiencia insólita, y otra muy distinta reinterpretar la Historia a partir de extrapolaciones novelescas. Una cosa es escribir relatos de ciencia ficción, y otra contar historias de ovnis y abducciones.  

La pesadilla de Aristóteles

 

    El artículo La pesadilla de Aristóteles (http://blogs.publico.es/ciencias/193) es un refrito corregido y ampliado del homónimo capítulo de mi libro La Ciudad Rosa y Roja (Lengua de Trapo, 1999). En dicho capítulo, al igual que en todo el libro, el tono "poético" es evidente; pero en el artículo, al añadir algunas reflexiones más "científicas" y al desaparecer el contexto, me temo que no queda igual de claro, por lo que algunxs lectorxs han visto en él una impugnación de Aristóteles. Nada más lejos de mi intención; solo pretendía señalar que la diferenciación de las subjetividades dificulta la comunicación. Entre las hormigas no suele haber malentendidos.  

Eureka

 

    En el artículo La abuela de Einstein (http://blogs.publico.es/ciencias/166) retomo una idea esbozada en el capítulo "Eureka" de mi novela Los jardines cifrados (Lengua de Trapo, 1998) y que tiene que ver con una extraña "revelación" que tuve en el Museo del Prado mientras contemplaba El Jardín del Amor. De pronto me di cuenta de que las cabezas de las mujeres que aparecen en el cuadro de Rubens, además de ser todas prácticamente iguales, parecen estar dispuestas como notas en una partitura. Al llegar a casa lo comprobé con una reproducción del cuadro y, en efecto, las cabezas encajaban perfectamente en un pentagrama; incluso toqué la "melodía oculta", que parecía sacada de un concierto de Vivaldi. La experiencia fue tan sobrecogedora que me llevó a escribir la citada novela.

 

El árbol paraíso

 

    Ya está en las librerías El árbol paraíso (Lengua de Trapo, 2008), la tercera parte de la trilogía iniciada con El libro infierno (Alfaguara, 2002) y continuada con El cuarto purgatorio (Lengua de Trapo, 2006). Y, por cierto, Lengua de Trapo ha reeditado también El libro infierno.

    Aprovecho para señalar que, al parecer, el programa de texto de la editorial ha eliminado los guiones cortos en El árbol paraíso, lo que ha dado lugar a algunas erratas. En la página 40, por ejemplo, "el intervalo 2-3" se ha convertido en "el intervalo 23".

 

Deporte e ideología

 

    Entre los comentarios al artículo Razón y fe (http://blogs.publico.es/ciencias/108) se ha colado uno relativo al fútbol, que no parece que tenga mucho que ver con la fe (y menos aún con la razón), y sin embargo viene a cuento. Mis opiniones sobre el tema están recogidas en algunos artículos recientes, como Belicismo sublimado (www.rebelion.org/noticia.php?id=30023) y Nacionalismo pelotero (www.rebelion.org/noticia.php?id=34672).

Filosofía y ciencia

 

    El artículo Las tres culturas (http://blogs.publico.es/ciencias/137) ha suscitado algunos comentarios de lxs lectorxs relativos al papel de la filosofía y a su relación con la ciencia, tema al que dedicaré la próxima columna de Público

    Hace unos años le pregunté a Stephen Hawking cómo veía la relación actual entre filosofía y ciencia, y me contestó: “Ahora los filósofos solo se dedican al lenguaje, y los científicos tenemos que ocupar el lugar que han dejado vacante”. Los antiguos filósofos fueron los primeros científicos. Los nuevos científicos son los últimos filósofos.

    En Dialéctica de la naturaleza, dice Engels: “Los científicos creen librarse de la filosofía ignorándola o despreciándola. Pero puesto que sin pensamiento no pueden avanzar y para pensar necesitan pautas de pensamiento, y toman dichas pautas, sin darse cuenta, del sentido común de las llamadas personas cultas, dominado por los residuos de una filosofía ampliamente superada, o de ese poco de filosofía que aprendieron en la universidad, o de la lectura acrítica y asistemática de textos filosóficos de toda índole, no son en absoluto menos esclavos de la filosofía, sino que la mayoría de las veces lo son de la peor; y los que más desprecian la filosofía son esclavos precisamente de los peores residuos vulgarizados de la peor filosofía”.

    A primera vista, Hawking parece contradecir a Engels; pero, en última instancia, está señalando el mismo problema (la misma dicotomía) desde un ángulo y un momento diferentes. En los últimos años he dedicado varios artículos a este tema (cf., por ejemplo, Cambio de paradigma, www.rebelion.org/noticia.php?id=28636, y Tragarse vivo a Marx, www.rebelion.org/noticia.php?id=28150), que también ocupa un lugar destacado en mi libro Socialismo científico (Lengua de Trapo, 2006). 

 

El ajedrez y el azar

 

    El artículo El ajedrez y los dados (http://blogs.publico.es/ciencias/130) está basado en un capítulo de mi libro La ciudad rosa y roja (Lengua de Trapo, 1999) titulado "El ajedrez y el azar". En el mismo libro hay otro capítulo, "El ajedrez y los espejos", en el que dos ajedrecistas que están jugando ante un tablero situado entre dos espejos paralelos (que multiplican las imágenes hacia -pero no hasta- el infinito), elucubran sobre las posibilidades combinatorias del ajedrez. Y ese es también el tema de mi libro El tablero mágico (Gedisa, 1995).

Metadebate

 

RESPUESTA A P. CIUDADANO/4

 

    Puesto que tú defiendes poco al Estado y yo nada a ETA, en realidad este debate tiene bastante de “metadebate”: es, en buena medida, un debate sobre cómo habría que plantear el debate, y nuestras diferencias tienen mucho que ver con el distinto grado de validez que otorgamos a distintas informaciones, y con las fuentes mismas de esas informaciones. Siempre que hablo de este tema con personas sensatas y de buena voluntad, llegamos al mismo punto muerto en función de este defasaje informativo. De modo que, si lo deseas, te emplazo a seguir discutiendo (por correo electrónico) después de que hayas hecho algunas averiguaciones sobre la tortura y otros crímenes de Estado.

    De momento, me limito a contestar a tu última afirmación. En la práctica, es justo al revés: el poder del Estado (de un Estado criptofascista) es ilimitado, pues se salta los límites cuando quiere y tiene medios sobrados para hacerlo. Mientras que el poder de ETA (o de cualquier grupo clandestino) es limitadísimo, y por eso ataca donde puede y no donde quisiera (aunque, insisto por enésima vez, eso no es ninguna justificación).

    A propósito de Gandhi (cuya versión del Gita fue la primera que leí y la que me empujó a estudiar sánscrito): no solo no venció al imperio británico (aunque sin duda contribuyó a ello), sino que al final de su vida reconoció la insuficiencia de su “resistencia pasiva”.

 

El huevo y la gallina

 

RESPUESTA A P. CIUDADANO/3

 

1. Fue antes el huevo, y el huevo es el franquismo, con el que en algunos aspectos no ha habido una auténtica ruptura (lo cual, insisto, no justifica las acciones de ETA, pero explica su aparición y su pervivencia).

2. Los datos para saber que la tortura es una práctica generalizada e impune no están a la vista, obviamente, pero tampoco son inaccesibles, y una búsqueda seria llevará a cualquiera que la emprenda a fuentes como los relatores de la ONU, Amnistía Internacional y más de cuarenta organizaciones de todo el Estado (cristianos de base, asociaciones pro derechos humanos, etc.) reunidas en la CPT (Coordinadora para la Prevención de la Tortura). En artículos como Si yo fuera guardia civil (www.rebelion.org/noticia.php?id=9537) o La impunidad de la tortura (www.rebelion.org/noticia.php?id=26604) ofrezco argumentos difíciles de rebatir (y que de hecho nadie ha rebatido) al respecto.

3. ETA mata, es cierto, lo cual es casi siempre inadmisible (digo “casi” porque en casos como el de Carrero Blanco se podría discutir) y a menudo atroz. ETA no tortura, porque para que haya tortura tiene que haber voluntad expresa de causar sufrimiento (no evitarlo también es gravísimo, por supuesto, pero provocárselo deliberadamente a alguien que está en tus manos lo es mucho más). Pero el poder también mata, además de torturar, y no me refiero solo a Galindo y a los GAL. Y, por otra parte, cualquier crimen cometido desde el poder es infinitamente más grave que un crimen cometido desde la clandestinidad.

4. Claro que ETA busca la rentabilidad política. Por eso no he dicho que sin tortura se autodisolvería, sino que moriría de inanición, pues sin el odio y la desesperación que generan los torturadores (y los abusos del poder en general), ETA se quedaría sin “cantera” y sin apoyo social.

5. ¿Los abertzales están muy cómodos? No lo dirás por la mesa de Batasuna, o por los del sumario 18/98, entre los que hay varios amigos míos de probada honradez y que rechazan abiertamente la violencia.

6. Los amenazados son también otros, y a veces injustamente, es cierto. Cuando las situaciones se crispan, hay víctimas inocentes en los dos bandos. Lo que no significa que los dos bandos sean iguales, sobre todo cuando uno de los dos tiene el poder, todo el poder. En las películas del Oeste, los amenazados siempre son los colonos, y es cierto que los apaches cometieron auténticas tropelías. Pero si esas películas las hubieran hecho los indios, el bueno seguramente no sería John Wayne.

Terrorismo y tortura

 

RESPUESTA A P. CIUDADANO/2

 

    Pues, como has repetido lo de “Cuidadano” un par de veces, he acabado pensando que era un neologismo. El ciudadano cuidadoso o algo así.

   En puridad, el terrorismo es la dominación por el terror, y por eso creo que el término debería reservarse para el terrorismo de Estado, sobre todo para no caer en agravios comparativos (solemos llamar “terrorismo” a la guerra de los pobres y “guerra” al terrorismo de los ricos). Y amedrentar al adversario, cuando el adversario es el Estado, no es fácil.

    Lo de las penas levísimas es muy relativo. Y no estoy hablando solo de etarras sino en general. Un violador y asesino de niños, pongamos por caso: ¿es una pena leve encerrarlo durante veinte años? Yo que nunca he estado encerrado más de tres días, me estremezco solo de pensar lo que pueden ser veinte años en una cárcel (española, además). Pero, insisto, esto lo digo al margen de ETA: estoy en contra del sistema penitenciario en general.

    A mí que le rompan una costilla a un individuo peligroso en el momento de detenerlo me parece perfectamente asumible: son gajes del oficio (de ambos oficios implicados). Y que maten a dos guardias civiles antes de cumplir los 25 me parece atroz. Solo que, después de dos décadas en la Asociación Contra la Tortura, sé que las costillas las suelen romper en los cuartelillos y en los calabozos, y que Galindo no es un caso aislado (por eso está en su casa escribiendo libros) y que los GAL siguen en activo, aunque ya no se llamen así. Y eso es absolutamente intolerable e incompatible con la democracia. Lo explica todo y lo justifica casi todo. Ese “casi”, para mí, deja fuera el asesinato, pero poco más.

    Somos muchos, dentro y fuera de Euskal Herria, los que pensamos que si no hubiera tortura ETA moriría de inanición, porque es el comprensible odio y la inevitable desesperación generados por el terrorismo de Estado lo que alimenta sus filas.

Terrorismo de Estado

 

RESPUESTA A P. CUIDADANO

 

    En respuesta al 70º comentario al artículo Razón y fe (http://blogs.publico.es/ciencias/108), quiero aclarar que yo nunca he dicho que el entorno abertzale sea el que más sufre, entre otras cosas porque no creo que se pueda cuantificar el sufrimiento. Lo que sí he dicho, y lo repito, es que el terrorismo de Estado es infinitamente más grave (y, como matemático, no suelo tomar el santo nombre del infinito en vano) que lo que el Estado llama "terrorismo" y yo prefiero llamar violencia disidente. Y he dicho, además, que la segunda es un epifenómeno del primero. Y también que no hay peor terrorista que el funcionario que tortura al amparo del poder. Lo cual no justifica, ni muchísimo menos, cualquier tipo de violencia disidente.

Ciencia y religión

 

    El binomio razón-fe, tema de mi primera columna de 2008 en Público, Razón y fe(http://blogs.publico.es/ciencias/108), no es idéntico al binomio ciencia-religión pero, obviamente, está íntimamente relacionado con él. Y el tradicional enfrentamiento entre ciencia y religión (es decir, la persecución de la ciencia por parte de la religión) ha sido siempre y sigue siendo una cuestión política. Que a lo largo del año que acaba de empezar va a ponerse al rojo vivo, me temo.

    Para ir haciendo boca, recomiendo un largo y documentado artículo de Salvador López Arnal aparecido hoy mismo en Rebelión: La temperada racionalidad del ateísmo (www.rebelion.org/noticia.php?id=61408).

    Y de paso doy los enlaces a otros artículos míos sobre el tema:

La religión del odio (www.rebelion.org/noticia.php?id=34451)

Roma contra Cristo (www.rebelion.org/noticia.php?id=49260)

Terrorismo judeocristiano (www.nodo50.org/contraelimperio/rtf/135.rtf)

ENLACES

 

    Mis soflamas (138 artículos políticos breves escritos entre septiembre de 2001 y junio de 2004) están recogidas en la web:

 

Contra el Imperio (www.nodo50.org/contraelimperio)

 

    Mis artículos políticos y culturales posteriores a junio de 2004 han sido publicados habitualmente en:

 

Gara (www.gara.net)

El Otro País (www.nodo50.org/elotropais)

Rebelión (www.rebelion.org)

Insurgente (www.insurgente.org)

La Haine (www.lahaine.org)

Nodo 50 (www.nodo50.org)

La Jiribilla (www.lajiribilla.co.cu)

 

    Se puede acceder directamente a una recopilación casi completa de estos artículos, ordenados cronológicamente, pinchando aquí:

 

www.rebelion.org/mostrar.php?tipo=5&id=Carlo%20Frabetti&inicio=0

ÍNDICE 2007

 

    Desde su comienzo, el viernes 28 de septiembre, hasta el 28 de diciembre, último viernes del año, han aparecido en la sección El juego de la ciencia del diario Público las siguientes columnas:

 

Preguntas tontas (28 9 07)

(http://blogs.publico.es/ciencias/6) 7

Pensamiento cuantitativo (5 10 07)

(http://blogs.publico.es/ciencias/13) 1

¿El huevo o la gallina? (12 10 07)

(http://blogs.publico.es/ciencias/20) 9

Elemental, querido Watson (19 10 07)

(http://blogs.publico.es/ciencias/29) 21

El juego de la ciencia (26 10 07) 

(http://blogs.publico.es/ciencias/36) 4

¿Qué es un descubrimiento? (2 11 07) 

(http://blogs.publico.es/ciencias/44) 4

Metapreguntas (9 11 07) 

(http://blogs.publico.es/ciencias/53) 9

El catálogo de Eva (16 11 07)

(http://blogs.publico.es/ciencias/60) 2

La excepción y la regla (23 11 07)

(http://blogs.publico.es/ciencias/66) 31

El liberespacio (30 11 07)

(http://blogs.publico.es/ciencias/73) 30

El ojo del pulpo (7 12 07)

(http://blogs.publico.es/ciencias/80) 14 

Aritmofobia (14 12 07)

(http://blogs.publico.es/ciencias/87) 47

Primer contacto (21 12 07)

(http://blogs.publico.es/ciencias/96) 30

El emblema de la razón (28 12 07)

(http://blogs.publico.es/ciencias/102) 17

 

    Además, el domingo 16 de diciembre, con ocasión del nonagésimo cumpleaños de Clarke, publiqué el artículo:

 

Arthur C. Clarke o la razón soñadora (16 12 07)

(www.publico.es/028022) 9

 

    Las cifras de la derecha indican el número de comentarios de los lectores a cada artículo (incluyendo mis eventuales respuestas a los mismos). Han resultado especialmente interesantes (como se desprende del número de comentarios) los debates suscitados por Aritmofobia, La excepción y la regla, El liberespacio y Primer contacto.

Pensamiento cuántico

 

    Galileo Galiciano ha mandado el siguiente comentario:

 

    Si como dejó dicho Galileo: "El lenguaje de la naturaleza es la matemática", ¿cómo transforma mi cerebro el "viento fotónico" sobre la retina, y los procesos (¿cuánticos?) neuronales, en las emociones de un paisaje amado? La conjetura de "salto cuántico" de Penrose me resulta muy atractiva. Muchos artistas y la mayoría de los literatos no son conscientes de que sus creaciones poseen simetrías internas traducibles en algoritmos (¿o es una conjetura lo que estoy diciendo?). La música, la escultura, ¡la arquitectura!, las artes plásticas, en general, dejaron de ser conjetura desde los griegos. Carlo, ¿y la literatura?

 

    Para dar una respuesta satisfactoria a la primera pregunta, tendríamos que tener más claro lo que es una emoción tan compleja como el reconocimiento y goce de un paisaje amado. Pero yo también veo en las ideas de Penrose (que apelan a aspectos aún desconocidos de la mecánica cuántica) una vía interesante. En cuanto a la base numérica de la estética, algunos matemáticos vuelven a tomarse en serio a los pitagóricos, y también se ocupan del li de los antiguos filósofos orientales. Aunque, en este sentido, creo que la literatura es más compleja que las artes plásticas (que yo diría que dejaron de ser mera conjetura, pero sin perder su dimensión conjetural).

La jaula de Chandler

 

    En mi juventud, leí The Cage ("La jaula"), de A. Bertram Chandler, en un viejo ejemplar de 1957 de la revista Fantasy & Science Fiction, y con el tiempo lo incluí en una de las selecciones de ciencia ficción que hice para la editorial Bruguera en los años setenta (no recuerdo en cuál).

    El relato me impresionó tanto que, años después, lo incorporé a mi libro La Ciudad Rosa y Roja (Lengua de Trapo, 1999), en el capítulo titulado "De consolatione geometriae". El artículo El emblema de la razón (http://blogs.publico.es/ciencias/102) es, básicamente, un resumen de dicho capítulo.

    Quien desee leer el relato de Chandler, puede encontrar una buena traducción al castellano en www.yolje.com/public/Biblioteca

Los robots de la ciencia ficción

 

    En los comentarios al artículo Primer contacto (http://blogs.publico.es/ciencias/96), se alude en varias ocasiones a los robots de la ciencia ficción. Se ha hablado mucho de ellos, pero todavía no se ha hecho (que yo sepa) un estudio sistemático y no anecdótico de los distintos tipos de androides y máquinas inteligentes que aparecen en la narrativa, el cine y el cómic; desde los robots positrónicos de Asimov a los paródicos androides de las Fábulas de robots de Stanislaw Lem, pasando por Terminator y sus epígonos o los replicantes de Philip K. Dick (Blade Runner), y sin olvidar a las máquinas pensantes no dotadas de apariencia humana, como Hal 9000 o el binomio Dulce-Decorum de Colossus.

    ¿Hay algún posible desarrollo de la IA que la ciencia ficción no haya contemplado? No es una pregunta retórica: sería interesante, si existen, detectar e interpretar esas lagunas.

Memes en gestación

 

    Comenta Ricardo que su neologismo experimental "ruidicidio" ya figura en la Red, y se pregunta si, al ser una presencia autogenerada, hay que tenerla en cuenta. Yo diría que es un conato de existencia, una semilla memética; tal vez haya que regarla un poco para que germine (puede regarla el propio creador, u otra persona a la que el término le resulte sugestivo: este mismo comentario es una pequeña contribución al riego). De "grumoide", por cierto, ya he encontrado 5 entradas (y al menos una de ellas no deriva directamente de mi propia mención). Y "liberespacio" va por las 400.

Anaritmetismo

 

    En su primera versión, el artículo Aritmofobia (http://blogs.publico.es/ciencias/87) se titulaba Anaritmetismo, pero en Público me pidieron que le cambiara el título y modificara la redacción para que no se pareciera demasiado al que publiqué en 1996 en El País. En la Red todo es próximo y simultáneo, y si alguien hubiera tecleado "Anaritmetismo" en un buscador ambos artículos habrían salido juntos y el autoplagio (que antes prescribía a los diez años por una mera cuestión de olvido) habría sido evidente. Pero no me resigno a no publicar el refrito, que me gusta más que el artículo nuevo, de modo que ahí va:

 

ANARITMETISMO

 

    Así como el analfabetismo es la incapacidad de leer el lenguaje de las letras, el "anaritmetismo" es la incapacidad de leer el lenguaje de los números. Y así como llamamos "analfabeto funcional" a quien, si bien conoce las letras, es incapaz de leer un texto de una cierta complejidad, podríamos llamar "anaritmeto funcional" a quien conoce los números pero es incapaz de comprender cualquier expresión numérica –o alfanumérica-- que vaya más allá de las cuatro operaciones. Y así como el analfabetismo cierra casi todas las puertas de nuestra cultura, el anaritmetismo impide el manejo de esa herramienta fundamental del conocimiento que es el pensamiento cuantitativo.

    "Hay que medir todo lo que es medible y hacer medible lo que no lo es", decía Galileo, el padre de la ciencia moderna. Y, antes que él, Leonardo da Vinci ya había observado que "ninguna investigación humana se puede  considerar verdadero conocimiento si no pasa por las demostraciones matemáticas". ¿Por qué, pues, tantas personas presuntamente cultas e interesadas por comprender el mundo en que vivimos muestran un total desinterés por el esclarecedor lenguaje de la ciencia? ¿Qué consecuencias psicológicas y sociales tiene este generalizado anaritmietismo? La primera pregunta es muy difícil de contestar; la segunda, muy fácil: en el plano personal, la ignorancia científica limita drásticamente el pensamiento en su misma base e impide el acceso a todo un mundo de conocimientos y experiencias intelectuales; en el plano social, perpetúa una paradójica cultura oficial basada casi exclusivamente en lo literario y lo artístico, en un momento en que, más que nunca, la aventura del saber pasa por la investigación y la reflexión científicas. El distanciamiento entre ciencia y filosofía, que empezaron siendo una misma cosa, da la medida de la gravedad del problema (en cierta ocasión le pregunté a Stephen Hawking cómo veía la relación actual entre filosofía y ciencia, y me contestó: "Si la filosofia solo se ocupa del lenguaje, los científicos tendrán que llenar el vacío que han dejado los filósofos").

    Ciencia y filosofia (o lo que es lo mismo, ciencia y pensamiento) nacieron juntas y tienen que volver a juntarse. Es una empresa que nos afecta a todos y que tiene implicaciones en todas las áreas de la cultura y de la vida. Fenómenos como el auge del esoterismo o el fundamentalismo religioso están estrechamente relacionados con el rechazo de la ciencia, que, en última instancia, es el rechazo de la razón.

El ojo del kraken

 

    José Luis Castillo ha mandado un interesante comentario a El ojo del pulpo (http://blogs.publico.es/ciencias/80), que reproduzco parcialmente:

   

    Se recurre mucho al ojo para apoyar la teoría del diseño inteligente. Si el diseño inteligente fuera cierto, dios sería un bromista. Por las lumbares que me duelen del rato que llevo sentado (nuestro bipedismo en manifiestamente mejorable desde el punto de vista biomecánico). Por el desprendimiento de retina (el ojo del pulpo no es como el humano, es mejor). Por mezclar vías respiratorias y digestivas en la entrada y haber estado a punto de atragantarme esta mañana. Por el parto y por un par de cientos de cosas más.

    La evolución es más bien ganar por un milímetro al competidor. Como el chiste (malo) de dos montañeros que huyen de un oso. Uno corre. El otro se sienta, se quita la mochila, saca unas zapatillas de deporte, se quita las pesadas botas de montaña. Y el que corre le grita:
    -¿Es que crees que vas a correr más que el oso con las zapatillas?
    -No, voy a correr más que tú.

 

    Otra particularidad del ojo de los moluscos es el enorme tamaño que puede llegar a alcanzar: casi medio metro de diámetro en el caso de los calamares gigantes. Es de suponer que la aterradora visión de estos ojos descomunales, tan semejantes a los humanos, en un gigantesco monstruo tentaculado debió de inspirar a los antiguos navegantes la leyenda del kraken (magistralmente recreada por John Wyndham en su novela Kraken acecha).

Grumoide

 

    Otro agujero en la Red: "Grumoide". El Grumoide es un personaje legendario de la mitología grumana, análogo a los andróginos de Platón, que todavía no ha saltado del liberespacio al ciberespacio. Los buscadores, pensando que te has equivocado al teclear, suelen ofrecerte la alternativa "grupoide", que es una generalización del concepto matemático de grupo.

    El neologismo antimotero propuesto por Ricardo, "ruidicidio", sigue sin circular por la Red, aunque de su cultismo equivalente, "fonocidio", he encontrado 7 entradas (una de ellas en italiano).

    El meme "anaritmetismo" ha tenido poco éxito reproductivo: llevo unos veinte años usanto el término, y las entradas relativas a él no llegan a 50. Mucha más fortuna ha tenido "liberespacio": ya ha superado las 200 entradas, y crece cada día.

Todo está en la Red

 

    O casi. He efectuado una amplia búsqueda de nombres de personajes de mis libros, términos creados por mí (o eso creía yo) y seres imaginarios de la literatura o la tradición oral poco conocidos, y los resultados han sido sorprendentes. Algunos ejemplos:

    Asaselo. Diablo menor creado por Bulgákov en su novela "El maestro y Margarita": 430 entradas.

    Crudelia. Malvada reina que aparece en mis novelas "La magia más poderosa" y "Ulrico y las puertas que hablan": más de 100.000 entradas (hay un sello discográfico con ese nombre).

    Pantuflo. Cuervo protagonista de mi novela "El cuervo Pantuflo": 35.000 entradas.

    Liberinto. Un libro laberinto que aparece en mis novelas de la serie del Mundo Flotante: casi 400 entradas.

    Kemorro. Personaje secundario de un programa infantil ("El Duende del Globo") que hice hace veinte años con mi amiga Marisa Tejada: 12 entradas.

    Anaritmetismo. Término con el que, en un par de artículos, designo la incapacidad para comprender el lenguaje de los números: 44 entradas.

    Aritmofobia. Término complementario del anterior: 800 entradas.

    El único "agujero" que hasta ahora he encontrado en la Red es Glotonesa, una ogresa que le he robado a mi amigo Javier Maqua (aparece en su novela "Uso de razón") y que he incorporado a la serie del Mundo flotante. Sorprendentemente (pues al parecer es un personaje de la tradición oral asturiana), no hay en Internet ninguna referencia a la ogresa Glotonesa. Bueno, ahora ya sí. 

Liberespacio en el ciberespacio

 

 En su comentario al artículo anterior, señala Ricardo que por el mero hecho de nombrar algo en Internet, ese algo queda atrapado en la telaraña, empieza a existir en la Red. Pues bien, el propio liberespacio es un buen ejemplo de ello: es un término recién introducido, y ya hay en Google más de setenta entradas relativas a él. En el principio fue el verbo...

Los agujeros de la Red

 

    Mª Jesús del Olmo, a propósito de El liberespacio (http://blogs.publico.es/ciencias/73) se pregunta si podemos encontrar en Internet todos los personajes, ciudades, calles, mundos, espacios y tiempos imaginarios. Yo me atrevería a decir que sí, que prácticamnte todo lo que ha pasado de la imaginación individual al imaginario colectivo en algún momento ha quedado atrapado en la Red. Pero puede ser interesante comprobarlo, intentar encontrar agujeros en la tupida malla del ciberespacio... Si encuentro alguno relevante, lo comunicaré, y os invito a hacer lo mismo.

Heautontimorumenos

 

    Un lector de mi artículo La excepción y la regla (http://blogs.publico.es/ciencias/66) ha señalado la relación entre la paradoja del montón, atribuida a Eubúlides de Megara, y la paradoja del autotorturador, formulada por Warren Quinn. Y eso me ha llevado a pensar en Heautontimorumenos (que significa precisamente “autotorturador”), la comedia de Terencio a la que pertenece la famosa frase “Soy un hombre y nada que sea humano me es ajeno”. Y de Terencio he pasado (mentalmente) a Melville, que describió a otro autotorturador memorable (“Ahab solo teme a Ahab”). Y de Melville he saltado simultáneamente a Stevenson, a Salgari, a Verne, a Poe, a Barrie, a Conrad... Y tras navegar por los siete mares de los libros (que es navegar por el liberespacio), he vuelto a autotorturarme con la paradoja del autotorturador, porque nada de lo humano me es ajeno. Aunque duela.

Columnas salomónicas

  

     “¿Jugamos una partida? Esta es la antigua pregunta que el Universo, o algo detrás del Universo, empezó a hacerles a los desconcertados bípedos implumes que proliferaban en el tercer planeta del Sol, tan pronto como sus simiescos cerebros pudieron comprender el juego de la ciencia. Es un juego curioso. No hay ningún conjunto de reglas definitivo, y parte del juego consiste en tratar de descubrir cuáles son las reglas básicas… El juego nunca ha sido tan apasionante y tan peligroso como ahora”.

    Así comienza Orden y sorpresa, de Martin Gardner (Alianza Editorial, 1983), uno de los libros más sugerentes que jamás he leído, cuyo título expresa con certera elegancia el binomio —la dialéctica— realidad-reflexión, materia-mente, universo-hombre: el cosmos —el orden— se mira en el espejo de su culminación, que es la conciencia, y se sorprende sin cesar ante su propia armonía.

    Y así comienza, o casi, mi artículo El juego de la ciencia, en mi homónima sección semanal del diario Público (http://blogs.publico.es/ciencias/tag/frabetti). Y así comienza este blog (o metablog) homónimo, que pretende partir de una reflexión sobre la propia sección y sobre su blog dentro del diario para ir hacia alguna otra parte, hacia cualquier otra parte. Y la primera reflexión que me ha impuesto la experiencia de volver a escribir, después de mucho tiempo, una columna semanal tiene que ver, como no podía ser de otra manera, con el concepto mismo de columna.

    Si las máximas y aforismos son “píldoras de sabiduría”, las columnas periodísticas son como tentempiés o bocadillos que, la mayoría de las veces, intentan suplir la falta de alimentos más consistentes. En la era de los mensajes ultrarrápidos y agresivos (eslóganes y spots publicitarios, videoclips), no solo la información, sino también la reflexión se condensa en llamativos titulares y resúmenes telegráficos. Y los columnistas de los diarios (junto con sus homólogos radiofónicos y televisivos) se han convertido en los principales “creadores de opinión” de nuestro tiempo (lo cual, a la vista de quiénes son, no deja de ser alarmante).

    Pero algo está cambiando. Cuando, hace cuarenta años, empecé a escribir columnas en la prensa (en el diario Pueblo y en el semanario humorístico La Codorniz), el diálogo escritor-lector era muy lento y esporádico, pues se desarrollaba casi exclusivamente por vía epistolar. En la actualidad, y gracias a la Red, es, o puede ser, copioso e instantáneo. En las pocas semanas de vida de El juego de la ciencia, he recibido, ya sea en el blog de Público o directamente en mi correo electrónico, centenares de preguntas y comentarios, que le han conferido a mi actividad como columnista (y espero que también a la experiencia de los lectores) una dimensión nueva y sumamente enriquecedora. Con la colaboración de lectoras y lectores, las columnas se vuelven salomónicas: crecen girando alrededor de un eje para enroscarse en una bóveda que se pierde de vista, sin límites preestablecidos. Algo está cambiando, y puede que para bien.

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